
¿Quién es Alex Dorado?
Publicada originalmente en The Football Week
Alex Dorado ha construido su carrera desarrollando jugadores que ahora compiten en las ligas más importantes de Europa. Con más de 20 años de experiencia técnica, incluyendo seis temporadas en el Real Madrid y trabajo con la Selección Española, el entrenador español combina una sólida formación académica, la Licencia UEFA Pro y un Máster en Ciencias del Deporte con experiencia práctica en cuatro continentes.
Su trayectoria profesional incluye trabajar junto a Rafa Benítez en el Dalian Pro de China, Vesa Vasara en el FC Honka de Finlandia y Stephen Hart en el HFX Wanderers de Canadá, antes de asumir roles de entrenador jefe en Sudáfrica y, actualmente, en Camboya. Los jugadores formados bajo su dirección representan hoy a clubes como el Real Madrid, el Atlético de Madrid, el Sporting CP, el Getafe y el Lecce.
La filosofía de Alex Dorado se centra en el desarrollo individual a través de una metodología rigurosa. Especialista en identificación de talento y en la aplicación del big data al fútbol, construye equipos con una clara identidad ofensiva basada en la posesión del balón, la movilidad y la presión alta, adaptando los principios tácticos a las características de los jugadores disponibles.
Con fluidez en español, inglés y portugués, y actualmente estudiando francés, Dorado aporta una experiencia multicultural que facilita la integración de jugadores sudamericanos, africanos y asiáticos en contextos europeos. En Camboya, lidera un equipo competitivo que ha sorprendido a los favoritos locales al título, reforzando su historial de resultados con recursos limitados.
Su ambición declarada es regresar a Europa, donde comenzó su formación técnica y donde cree que su metodología, probada en distintos continentes y niveles competitivos, puede generar un impacto sostenible.
Nuestra entrevista exclusiva con Alex Dorado
Empezaste a entrenar a los 16 años. ¿Qué llevó a un adolescente a decidir que quería liderar adultos sobre el terreno de juego?
Todo empieza por el entorno familiar. Crecí rodeado del fútbol, y creo que todos los entrenadores que llegan a cierto nivel comparten esto. Una pasión que comienza en la infancia, ya sea jugando con amigos o por influencia de la familia. Ese amor por el juego deja una huella duradera.
Cuando, a los 16 o 17 años, te das cuenta de que tu futuro como jugador no irá mucho más allá de jugar por pasión y disfrute, empiezas a buscar un camino más profesional que te permita mantenerte conectado al fútbol toda la vida. Ahí es donde ese amor por el deporte toma forma y donde surge esa solución. En el fondo, fue menos una decisión racional y más una necesidad. Necesitaba estar en el campo de alguna manera. Descubrí que liderar, desarrollar jugadores y construir equipos me llenaba tanto como habría podido hacerlo jugar.
Seis años en el Real Madrid formando generaciones de jugadores. Cuando ves a Gonzalo García en el Real Madrid, a Pablo Barrios en el Atlético de Madrid o a Iván Fresneda en el Sporting, ¿qué representa eso para ti como formador?
Para mí, representa la mayor alegría, el mayor de los trofeos. Ver a jugadores que pasaron por mis manos, con quienes trabajé de cerca, alcanzar el éxito y llegar a las metas que se habían fijado. Pero sobre todo, porque cada uno de los tres que mencionas comparte valores. Valores que me representan como entrenador y que representan a la gran mayoría de jugadores con los que he trabajado. El valor del trabajo duro, el valor del sacrificio, el valor de la humildad.
Jugadores que, desde muy jóvenes, estaban centrados en la mejora diaria y el crecimiento personal. No eran los mejores jugadores de nuestros equipos, pero lucharon por llegar, lucharon por mejorar. Verlos donde están hoy me hace muy feliz.
Trabajar con Rafa Benítez en el Dalian Pro te puso junto a uno de los entrenadores más analíticos del fútbol moderno. ¿Cuál fue la mayor lección que absorbiste de él y que aún aplicas hoy?
Hay dos lecciones muy claras que aprendí de él y que sigo aplicando a diario. La primera es entender el entorno, y la segunda es la gestión o el control de todo lo que rodea a un equipo de fútbol.
La primera, entender el entorno, viene de una frase que me dijo en 2007, durante mi primera visita a Inglaterra cuando fui a verle a Liverpool. Me dijo que lo más importante al llegar a un nuevo club es primero entender el país, luego la ciudad, entender el club, su entorno y lo que sucede a su alrededor. Entender la cultura futbolística de ese entorno. No necesariamente para adaptarse a ella, sino para tenerla en cuenta al tomar decisiones futuras como entrenador.
La segunda lección es tener una comprensión global del club por una razón simple. El fútbol no se basa únicamente en lo que ocurre en el campo. Se basa en un grupo de trabajo multifuncional, donde los resultados conseguidos sobre el terreno de juego son en gran parte la suma de muchos otros factores. Cómo se siente el jugador, cómo nos comportamos, cómo gestionamos la relación entre jugador y club. Las necesidades de los jugadores, no solo en el entrenamiento diario, sino también en casa, fuera de las horas de entrenamiento. El proceso de captación de jugadores, cómo manejamos los futuros contratos, los salarios y las decisiones contractuales.
Es alguien que supervisa el club en su conjunto, lo que en Inglaterra se denomina “manager”. Siempre me hizo entender que era necesario tener conciencia de todo lo que ocurre alrededor del equipo. No para controlar en un sentido autoritario, sino para entender lo que está pasando y así tomar mejores decisiones, ayudar en los momentos difíciles u ofrecer soluciones en áreas que van más allá del fútbol pero que igualmente pueden crear problemas.
Has dicho que es importante actuar tanto como manager como entrenador jefe. ¿Cómo equilibras estos dos roles?
Primero, construyendo grupos de trabajo de confianza que tengan la libertad de llevar a cabo sus funciones, mientras tú les proporcionas una visión global de lo que el club quiere ser.
La diferencia entre ser solo entrenador y ser manager es entender que el club es un organismo. El marketing no puede funcionar de forma aislada del scouting. El departamento médico debe estar alineado con la preparación física. Cuando tienes esta visión global, puedes anticipar los problemas antes de que exploten en el vestuario o en los resultados.
No se trata de controlarlo todo, sino de saber qué está pasando. Eso te permite corregir el rumbo antes de que sea demasiado tarde.
En el Black Leopards, el 75% del plantel nunca había jugado profesionalmente. En Camboya, trabajas con jugadores que no tenían espacio en sus clubes anteriores. ¿Cómo conviertes a jugadores sin experiencia en atletas competitivos?
Ante todo, cuando como entrenadores decidimos qué jugadores deben formar parte del plantel y cuáles no, la decisión se basa mucho más en aspectos técnicos y tácticos que en el nombre o el origen del jugador.
Tanto en Sudáfrica con el Black Leopards como en Camboya con el MOI Kompong Dewa, cuando comencé a seleccionar a los jugadores que conservaríamos, nunca consideré si habían jugado en competiciones más fuertes o más débiles. Me centré en identificar qué jugadores creía que tenían el potencial de formar parte del equipo. Al final, los números aparecieron de forma natural. Alrededor del 70 al 75 por ciento de esos jugadores en Sudáfrica nunca habían jugado profesionalmente. En Camboya, la mayoría de nuestros jugadores actuales provienen de clubes contra los que competimos, clubes donde no tenían espacio y no eran queridos en el plantel. Con nosotros, están rindiendo a un nivel muy alto.
Estoy muy contento de haberlos seleccionado y de ver cómo continúan sus carreras.
Buscamos características específicas en estos jugadores, en Sudáfrica, aquí y en cualquier proyecto futuro. Cualidades técnicas, fortaleza mental, actitud. Ganas de mejorar, de progresar, de trabajar. El jugador en definitiva se posiciona dentro del plantel o sale de él. Al final, el campo, los entrenamientos y los partidos determinan quién juega y quién no, quién evoluciona y quién no.
Podemos hablar de jugadores concretos. Vanda es el ejemplo perfecto. En la pretemporada, no estaba entre los titulares, y hoy es el máximo goleador camboyano de la liga. El campo decide quién juega, no el pasado del jugador.
Con fluidez en portugués, español e inglés, has entrenado en cuatro continentes. ¿Cómo ha cambiado esta versatilidad cultural tu forma de liderar vestuarios?
Al final, todo se construye sobre la comprensión de que la comunicación es el elemento más importante en un vestuario. No hay ningún traductor que filtre la intensidad o el tono. Cuando corriges un error en portugués con un jugador brasileño, por ejemplo, el mensaje llega más rápido y más profundo.
Lo viví en China con jugadores extranjeros, actuando como nexo entre los jugadores brasileños y Rafa Benítez. Hoy lo vivo directamente dentro de mi propio equipo. Actualmente estoy estudiando francés para seguir ampliando esta capacidad de comprensión y conexión.
Tu estilo es ofensivo, pero has trabajado con plantillas muy diferentes. ¿Cómo adaptas los principios de ataque cuando no tienes los jugadores “ideales”?
Creo que hay ciertos principios en el fútbol que todo jugador es capaz de ejecutar. Defensivamente, todo jugador puede evolucionar y mejorar su eficiencia. Ofensivamente, esto no siempre es así. A veces las limitaciones técnicas impiden la creación de ciertos patrones dentro del grupo.
Por encima de todo, intento ser eficiente como entrenador y asegurarme de que el grupo responda al juego de una manera que produzca resultados positivos y mejora diaria.
¿Cuáles son los elementos clave de mi modelo de juego? Para mí, el elemento principal es la presión. La presión alta. Otro punto fundamental es tener el balón o la capacidad de posesión. No necesariamente como herramienta ofensiva directa para marcar goles, porque sabemos que muchos goles llegan de transiciones muy rápidas, dos o tres segundos, a veces cuatro o cinco como máximo, con dos o tres pases. En cambio, la posesión es importante para descansar, para estar bien posicionados y para recuperar el balón lo más rápido posible.
Siempre intento basar la posesión en las características de los jugadores. Si son aptos para mantener el balón en campo del rival, lo hacemos allí. Si no, encontramos las zonas donde pueden mantener la posesión, descansar y adaptarse como grupo a las características individuales. Esto permite que cada jugador crezca dentro del colectivo y dentro de un modelo de juego que puede cambiar según el momento.
Has demostrado tu metodología en contextos muy diferentes. ¿Qué desafío técnico sigue impulsándote? ¿Qué tipo de proyecto te mantiene despierto por las noches?
Siempre he dicho que quiero trabajar en la Premier League. Y sé que mucha gente me dice que no.
Cuando tenía 16 años, mi padre me dijo que no, que no podía ser entrenador. A los 19, cuando llegué a la universidad y dije que quería entrenar al Real Madrid, algunos profesores me dijeron que no, que no podía entrenar al Real Madrid. Cuando tenía alrededor de 28 años y ya trabajaba en el Real Madrid, dije que quería trabajar con Rafa Benítez. Compañeros me dijeron que no, que no podía trabajar con Rafa Benítez.
Siempre he recibido noes. Siempre he escuchado noes. Nunca serás entrenador jefe, no podrás, no podrás, no podrás. Y he cogido todos esos noes, los he metido en una caja, y uso esa caja como energía. Es mi batería.
Es mi batería para alcanzar mis metas. Y mi meta es entrenar, trabajar y convertirme en entrenador jefe en la Premier League. Y estoy convencido de que muy pronto lo conseguiremos y estaremos trabajando allí.